La generación desperdiciada

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Que Colombia tenga una tasa de jóvenes que ni estudian ni trabajan del 26%, casi el doble del promedio de la Ocde, debería encender una alarma nacional. No se trata únicamente de un indicador educativo ni de una cifra laboral. Es una señal de que una parte importante de la población joven del país está quedando por fuera de los mecanismos de formación, productividad y movilidad social. La situación es aún más preocupante porque Colombia registra la segunda tasa más alta de ‘ninis’ entre los miembros de la organización, solo por detrás de Turquía.

El problema trasciende la coyuntura económica. La propia Ocde advierte que los periodos prolongados de inactividad pueden derivar en exclusión social persistente y en la pérdida de habilidades blandas esenciales. Es decir, no solo se desperdicia tiempo productivo: también se deterioran capacidades que serán fundamentales para acceder a mejores oportunidades en el futuro.

La brecha de género añade otra dimensión crítica. Mientras el 17% de los hombres entre 18 y 24 años no estudia ni trabaja, entre las mujeres la proporción llega al 34%, una diferencia que solo supera México dentro de la Ocde. Además, la mayoría de estos jóvenes ni siquiera está buscando empleo, lo que revela barreras más profundas que un simple problema de vacantes disponibles.

La paradoja es evidente. Colombia exhibe una de las mayores primas salariales para quienes acceden a la educación superior. Un profesional puede ganar más del doble que una persona con solo bachillerato. Sin embargo, el país sigue teniendo baja participación educativa entre los jóvenes y una proporción reducida de adultos con educación superior.

La respuesta exige actuar sobre varios frentes a la vez. Es necesario aumentar la transición entre secundaria y educación media, facilitar la combinación de estudio y trabajo, reducir las brechas que afectan a las mujeres jóvenes y acelerar mecanismos que conecten la formación con oportunidades reales de inserción laboral. El desafío no es solo educar más, sino evitar que una generación quede atrapada en la inactividad.

Detrás de cada ‘nini’ no hay una estadística. Hay talento perdido, productividad sacrificada y crecimiento económico que el país no puede darse el lujo de desaprovechar.

Artículo basado en información de portafolio.co

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