Productividad: el combustible que puede impulsar los motores de crecimiento en Colombia los próximos años

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Andrés Cadena, socio senior de McKinsey & Company, resaltó que el cuello de botella está la falta de talento.

Colombia está arrancando el año con la atención de la opinión pública centrada en qué tanto va a crecer la economía, qué tanto va a aguantar el bolsillo y qué tan rápido se acomodará el país en un entorno global que no da tregua; puesto que los desafíos en frentes como el fiscal no son menores y la incertidumbre se mantiene.

Si bien las apuestas por ahora apuntan a que el PIB crecería por debajo del 3% en el mediano plazo, desde McKinsey & Company plantean que es posible darle la vuelta a esta realidad y alcanzar avances más notorios, apostando únicamente por un elemento que si bien se menciona constantemente en los debates económicos, todavía no tiene el protagonismo que merece. Se trata de la productividad.

Andrés Cadena, socio senior de McKinsey & Company en Colombia, destaca que el crecimiento, en últimas, es un reflejo del “valor agregado”, es decir, de cuánto es capaz de producir un país como conjunto y agrega que ese valor agregado se traduce en dos preguntas simples: cuánta gente está trabajando y, sobre todo, qué tan productiva es esa gente en sus jornadas laborales habituales.

En su diagnóstico, Colombia ha venido creciendo más por cantidad de trabajo que por calidad del trabajo, una tendencia que limita el ritmo al que puede expandirse la economía en los próximos años. Esa diferencia no es menor, porque si el país depende de sumar horas trabajadas, entonces queda amarrado a restricciones evidentes como la informalidad, los empleos de baja productividad y, hacia adelante, el envejecimiento de la población.

Por eso, Cadena insiste en que el foco no debe ser trabajar más, “sino producir mejor, con más tecnología, más conocimiento y más capacidad de generar valor. En otras palabras, la productividad es el combustible que permite que el motor del crecimiento no se ahogue cuando se acaba el impulso del ciclo”.

Ese planteamiento conecta con el análisis “LatAm to the world: Colombia, oportunidades de crecimiento para los próximos 15 años”, elaborado por McKinsey & Company, en el que se dibuja un escenario ambicioso pero posible.

Producir mejor

Según ese documento, Colombia podría alcanzar entre USD 570.000 millones y USD 650.000 millones de PIB hacia 2040, en la medida en que logre una evolución gradual hacia actividades de mayor productividad y valor agregado. Para ellos, la ruta es clara y arranca por el potencial que existe, pero no se activa solo, y requiere decisiones consistentes desde ahora.

El informe parte de una fotografía global que también explica el momento y es que la economía mundial está atravesando transformaciones profundas asociadas a la digitalización, la transición energética y la reorganización de las cadenas de valor. En ese tablero, McKinsey considera que Colombia tiene activos para jugar mejor de lo que juega hoy, apoyada en su talento humano, recursos naturales e infraestructura digital creciente. La oportunidad está en convertir esas ventajas en productividad real, exportaciones de mayor valor y más inversión productiva.

Para estos analistas, el país podría capturar entre USD 35.000 millones y USD 65.000 millones adicionales en los próximos años si logra posicionarse en tres frentes estratégicos: servicios digitales exportables, centros de datos y agroindustria con mayor sofisticación; eso sí, teniendo en cuenta que no se trata de apuestas marginales, sino de sectores con capacidad de arrastrar inversión, empleo y productividad, siempre que el país logre superar sus cuellos de botella tradicionales.

La lectura de Cadena sobre el problema de fondo es que Colombia no está estancada por falta de ideas, sino por falta de ejecución, y el primer freno es la inversión. En su visión, el país “está invirtiendo muy poquito y está invirtiendo mal”, lo que termina cerrando el paso a la tecnología y al conocimiento que son los que disparan productividad.

De igual forma explica que la relación es casi mecánica, ya que “sin inversión no hay modernización, sin modernización no hay productividad, y sin productividad el crecimiento se queda pequeño, incluso si la gente se esfuerza más”.

Cadena es tajante al señalar que la “productividad no es trabajar más, productividad es trabajar mejor, es trabajar más inteligentemente” y lo ilustra con un ejemplo sencillo, señalando que “cuando en el campo se trabajaba solo con las manos, una hora de esfuerzo era una hora de producción, pero cuando llegaron herramientas como el buey y luego el tractor, esa misma hora se multiplicó en capacidad productiva”.

Confianza, un aliado clave

El problema, según explica, es que para llegar a ese salto no basta con deseo, sino con un entorno que permita invertir. Y ahí aparece otro concepto que, aunque suena abstracto, es decisivo para la economía desde la confianza. Para Cadena, la inversión llega cuando hay oportunidades y, además, cuando las reglas no cambian de forma impredecible.

Cuando el empresario siente que “le cambian todos los días los impuestos” o “las condiciones para contratar”, lo que hace es refugiarse en el mínimo indispensable para sobrevivir, manteniendo el capital de trabajo, pero frenando las apuestas en tecnología, expansión o innovación.

Por eso, en el reporte de McKinsey y en la conversación con Portafolio, ambos mensajes apuntan a que la productividad se construye invirtiendo, pero para invertir se necesitan condiciones de estabilidad. En este sentido, se identifica el primer motor como los servicios digitales con proyección internacional, que incluyen tecnología de la información y servicios empresariales exportables.

El país aparece bien posicionado por la alineación horaria y cultural con Norteamérica, el acceso a educación y costos competitivos de talento, lo que le permitiría fortalecer su presencia como proveedor para mercados externos. En números, ese sector podría aportar entre USD 10.000 millones y USD 25.000 millones adicionales, siempre que se refuercen habilidades técnicas y lingüísticas”, dice el reporte.

El segundo motor, según McKinsey, es la agroindustria, un sector tradicional que puede dar un salto si logra sofisticación, tecnología e innovación, especialmente a través de mayor procesamiento de alimentos y cadenas de valor más largas. Allí, el informe estima un potencial adicional entre USD 20.000 millones y USD 30.000 millones, apalancado en la disponibilidad de tierras agrícolas, experiencia productiva y reconocimiento de productos emblemáticos.

Finalmente, respecto al tercer punto de impulso, estos analistas sostienen que los centros de datos y economía digital están elevando la demanda global de infraestructura tecnológica.

McKinsey & Company, cerró destacando que Colombia tiene una oportunidad real de crecer más de lo que está creciendo, pero solo si cambia el enfoque y pasa del impulso por horas trabajadas a un salto por productividad y advierten que el desarrollo de estos sectores puede fortalecer la competitividad del país, generar empleo de mayor valor y ampliar la integración en flujos globales de comercio e inversión.

Información extraída de: https://www.portafolio.co/economia/crecimiento/productividad-el-combustible-que-puede-impulsar-los-motores-de-crecimiento-en-colombia-los-proximos-anos-486808

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