La economía que deja Petro: fortalezas, riesgos y los desafíos para le gobierno de De La Espriella

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La herencia económica que recibirá Abelardo De La Espriella será uno de sus principales retos cuando asuma el poder este 7 de agosto. Varios indicadores apuntan a este desafío: la economía creció a menos de un tercio de lo que crecía cuando Gustavo Petro llegó al poder, existe un hueco fiscal de $120 billones de pesos, el sector salud se encuentra muy golpeado y la confianza empresarial ha caído.

Así lo indica un análisis de Sectorial.co sobre la herencia económica, social y fiscal del Gobierno de Gustavo Petro, basándose en cifras como el Producto Interno Bruto (PIB), la inflación, la tasa de cambio frente al dólar, entre otros.

El estudio también destacó los resultados positivos de la administración de Petro, señalando que hay un fuerte contraste entre los indicadores. El desempleo y la pobreza bajaron, la inflación cedió y el peso se fortaleció.

Sin embargo, Sectorial.co destaca que el problema es que esos avances conviven con una mala situación frente a la visión de otros países: la inversión extranjera se redujo, las exportaciones retrocedieron y más de 1,4 millones de colombianos decidieron buscar futuro afuera en los últimos seis años.

Cuatro años después de asumir con el 60 por ciento de aprobación, Gustavo Petro entrega el poder con el 39,5 por ciento de respaldo ciudadano, según destaca Alejandro Escobar, gerente estratégico de Sectorial. “El diagnóstico que enfrentará el nuevo gobierno es el de un país atrapado en una contradicción: mejores cifras sociales sobre una base productiva debilitada, con menos inversión, menos exportaciones y un Estado más endeudado que nunca”, aseguró.

La dualidad en los indicadores

El gobierno del presidente Gustavo Petro termina su mandato con un panorama económico mixto. De acuerdo con un análisis de Sectorial.co, basado en cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) y el Banco de la República, algunos indicadores mostraron una mejora frente al inicio de la administración, mientras otros reflejan una desaceleración de la actividad económica y un entorno monetario más restrictivo.

Entre los principales cambios se encuentra la caída del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), que pasó de 7,4 a 2,2 por ciento. En contraste, la inflación descendió de 10,2 a 5,8 por ciento y la tasa de desempleo bajó de 11,0 a 8,8 por ciento. Por su parte, la tasa de intervención aumentó de 7,5 a 11,3 por ciento, mientras que la tasa de cambio pasó de $4.300 a $3.678 por dólar, lo que representa una apreciación del peso colombiano del 14,5 por ciento.

“Aunque la inflación y el desempleo mejoraron, el crecimiento económico se desplomó a menos de un tercio de lo heredado. La tasa de intervención aumentó significativamente y el costo real del financiamiento supera el 18 por ciento anual, encareciendo el crédito para empresas y hogares”, apunta Escobar.

El directivo también hizo énfasis en la fuerte caída del PIB, que respondió al estancamiento de sectores estratégicos, como la construcción, que redujo su participación del 7 por ciento a menos del 5 por ciento en el PIB; las exportaciones anuales, que retrocedieron de USD 57.000 millones a USD 50.000 millones; y la Inversión Extranjera Directa (IED), que cayó de USD 17.000 millones (2022) a USD 11.000 millones.

En ese sentido, la próxima administración asumirá una posición financiera profundamente comprometida. El hueco fiscal asciende a $120 billones de pesos, equivalente a cerca del 8 por ciento del PIB, lo que ha disparado el pasivo total de la nación por encima de los $1.200 billones y aleja al país del grado de inversión.

“A eso se suma una confianza empresarial deteriorada, que apenas alcanza 42 de 100 puntos, y un sector salud que entra en zona crítica: la deuda acumulada del sistema ronda los $29 billones y las quejas de los usuarios se duplicaron durante el cuatrienio, pasando de 80.000 a 161.000 mensuales”, asegura el gerente estratégico de Sectorial.

Los puntos positivos, la percepción ciudadana y los nuevos retos

De acuerdo con Sectorial, Gustavo Petro deja un país que avanzó en algunos indicadores de bienestar —con resultados de menos desempleo, menos inflación y menos pobreza—, pero a un costo que el próximo gobierno tendrá que pagar con intereses, por lo que no será un punto de partida cómodo.

El balance político tampoco fue tan favorable al Gobierno Petro. Según mediciones de Guarumo y Atlas Intel compiladas por Sectorial.co, Petro inició su mandato con una aprobación del 60 por ciento y lo cierra con el 39,5 por ciento, mientras su desaprobación llega al 57,1 por ciento.

El nuevo presidente enfrentará una situación de difícil manejo, y es que para crecer necesita inversión, pero para atraer inversión necesita estabilidad fiscal; para lograr estabilidad fiscal necesita ajustar el gasto, pero ajustar el gasto amenaza los programas sociales que sostienen el piso de aprobación de cualquier gobierno.

Por último, la empresa destacó que, aunque el país que recibe el nuevo gobierno tiene problemas reales, también tiene bases para recuperarse: una moneda más fuerte, un desempleo a la baja y una sociedad que sigue exigiendo resultados.

Julián Andrés González Vargas

 


Artículo basado en información de portafolio.co

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