A muchos colombianos les extraña que se insista en advertir sobre prevenciones para el fenómeno de El Niño en días en los que llueve, inclusive copiosamente, en Bogotá y otras regiones. La explicación ofrecida por el Ideam es que ambas circunstancias no son incompatibles. Colombia atraviesa la segunda temporada anual de lluvias, durante la cual pueden presentarse precipitaciones abundantes, incluso bajo la influencia de El Niño. A ello se suman condiciones atmosféricas regionales que favorecen los aguaceros. El fenómeno climático no significa que deje de llover, sino que, en términos generales, disminuyen las precipitaciones frente a los promedios históricos.
En ese orden de ideas, las lluvias recientes no significan que la amenaza haya desaparecido ni que el país pueda bajar la guardia. Por el contrario, los pronósticos siguen apuntando a meses difíciles, especialmente durante la temporada seca que comienza en diciembre y podría prolongarse hasta marzo o abril del próximo año. Teniendo en cuenta estas precisiones, la necesidad de ahorrar agua y energía, lejos de perder vigencia, se hace más apremiante.
Las cifras reveladas ayer en este diario por Juan Carlos Morales, gerente encargado de XM, entidad que administra el mercado eléctrico, confirman la gravedad del panorama. Los aportes hídricos al sistema se encuentran un 40 % por debajo de su promedio histórico, y los embalses registran un volumen útil cercano al 77 %. Todo ello, mientras la demanda de energía alcanza picos históricos de consumo. La combinación de menos agua disponible y mayores necesidades de electricidad constituye una advertencia que sería irresponsable ignorar.
Colombia todavía tiene margen para enfrentar esta contingencia. Pero ese margen depende de decisiones oportunas, coordinación institucional y disciplina colectiva.
El propósito inmediato debe ser aprovechar las semanas que restan de la temporada de lluvias para almacenar tanta agua como sea posible. Después vendrán los meses más exigentes. Según XM, el momento crítico podría presentarse al final del verano de fin de año, cuando los embalses estén más reducidos. El racionamiento siempre suena a duras consecuencias para todos. Evitarlo exige actuar desde ahora.
Las responsabilidades son compartidas. Los ciudadanos deben mantener hábitos de consumo racional. Y el Gobierno, las autoridades regulatorias y las empresas del sector tienen que trabajar coordinadamente para garantizar la disponibilidad de energía, superar las dificultades financieras que afectan a distintas compañías, en especial en la región Caribe, y asegurar los combustibles necesarios para respaldar la generación.
Especial atención merece el parque térmico. XM ha advertido que su disponibilidad efectiva está por debajo de la capacidad instalada y que será necesario sostener una generación elevada durante varios meses. Las empresas responsables deben acelerar mantenimientos, resolver las dificultades operativas y garantizar el abastecimiento de combustibles para cumplir plenamente sus obligaciones. Está en juego la seguridad energética del país.
Artículo basado en información de eltiempo.com



