Con la llegada de noviembre, el 2026 empieza a mirarse como un año que se va. Y el último parte del Dane sobre la actividad productiva no permite despedirlo con tranquilidad.
Según el Indicador de Seguimiento a la Economía, en agosto la actividad cayó 0,04% frente al mismo mes de 2025, cuando había crecido 2,71%. En la serie ajustada por efectos estacionales y de calendario, la contracción frente a julio fue de 3,11%, la más pronunciada de los dos últimos años.
El desglose dice más que el dato agregado. Las actividades primarias, que comprenden el agro y la minería, cayeron 3,19%, mientras las secundarias, correspondientes a la industria y la construcción, retrocedieron 3,03%. El grupo de administración pública, educación y salud creció 2,25% y registró el mayor aporte entre las ramas de actividad. Buena parte del dinamismo depende, por tanto, del gasto público, precisamente el componente que la estrechez de las finanzas estatales obliga a contener.
El balance de enero a agosto todavía muestra un crecimiento de 2,27%, inferior al 2,62% del mismo periodo de 2025. Pero el acumulado disimula el deterioro reciente, entre marzo y junio, la variación anual superó el 3%; en julio cayó a 1,06% y en agosto pasó a terreno negativo.
El gerente del Banrep, Leonardo Villar, advirtió que el indicador es volátil y que conviene esperar el PIB, una medida más robusta. La cautela tiene sentido, pero el Emisor ya revisa sus proyecciones. La serie de tendencia-ciclo retrocedió en julio y agosto. La Junta reconoció que la economía habría perdido velocidad en el tercer trimestre. Esperar una sorpresa favorable en el PIB que el Dane publicará este mes parece más un acto de fe que una previsión.
La política monetaria tampoco ofrece alivio inmediato. La Junta mantuvo la tasa en 12,25%, aunque tres de sus siete integrantes votaron por aumentarla. La inflación anual llegó a 6,3% en septiembre, los analistas calculan que cerrará el año en 6,9% y Villar sitúa el retorno a la meta de 3% hacia mediados de 2028. El crédito seguirá costoso y la demanda tendrá poco margen para recuperarse.
La ley de rescate económico fue radicada en el Congreso en la víspera de la reunión de la Junta. Villar señaló que el aumento del déficit fiscal es uno de los factores que explican el distanciamiento de la inflación respecto de la meta y que corregir las cuentas públicas contribuiría a reducirla. La posibilidad de tener tasas más bajas en 2027 pasa por un ajuste fiscal convincente. Con el entorno internacional de tasas elevadas, recordó, los mercados distinguen a los países que mantienen sus cuentas en orden.
El problema está en el tránsito. El ajuste reduciría justamente el gasto que hoy sostiene buena parte de la actividad, mientras la inversión privada aún no da señales para tomar el relevo. La industria, la construcción, el agro y la minería restaron 0,84 puntos al indicador en agosto. Su recuperación depende, entre otros factores, de un crédito más barato, que llegará cuando la inflación ceda. Existe el riesgo de que el Estado gaste menos antes de que las empresas inviertan más.
El balance de 2026 está prácticamente definido. La incógnita es cuánto se prolongará la debilidad en 2027. Un ajuste fiscal creíble podría acelerar la caída de la inflación y de sus expectativas, dar margen al Banco de la República para reducir las tasas y abrir espacio a la inversión privada. Sin ese avance, la economía corre el riesgo de pasar de la desaceleración de este año a una recuperación que seguirá aplazándose.
Artículo basado en información de portafolio.co



