Alemania, ante el dilema fiscal de la electromovilidad

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“La gente se aleja de la gasolina y el diésel”, dice a DW Jens Boysen-Hogrefe, experto en fiscalidad y transporte del Instituto de Economía Mundial de Kiel (IfW), Alemania. “El auge de los vehículos eléctricos, desencadenado por los elevados precios del combustible, anticipa la transición en los sistemas de propulsión que ya estaba prevista”.

Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), la venta de autos eléctricos aumentó en Europa en el primer trimestre de 2026 en casi un 30 % en comparación con el mismo período del año anterior. A la cabeza va Noruega, donde un 95 % de todos los vehículos matriculados son eléctricos.

En los países de la región de Asia-Pacífico, exceptuando a China, las tasas de crecimiento fueron aún más impresionantes según el informe “Global Outlook 2026” de la AIE: en 2025, las ventas aumentaron hasta un 80 % en algunas regiones, mientras que en América Latina el incremento fue del 75 %.

Sistema de combustibles fósiles, lucrativo para el Estado

Sin embargo, el auge de la movilidad eléctrica no despierta en Berlín solamente entusiasmo. Tampoco en el Ministerio de Finanzas. Y es que la recarga de un coche eléctrico no conlleva impuestos sobre la energía, sino únicamente unos impuestos sobre la electricidad de cuantía reducida.

Hasta ahora, en Alemania se gravan con 47,04 céntimos el litro de diésel y con 65,45 céntimos el de gasolina. A esto se suman una tasa por emisiones de CO2 y el IVA del 19 %. Con un precio de la gasolina de 2,10 euros, la carga impositiva asciende a 1,14 euros —según el club de automovilistas alemán ADAC—, es decir, más de la mitad del precio total.

El actual sistema basado en combustibles fósiles —que incluye impuestos sobre la energía, peajes para camiones y tasas de CO2— resulta muy lucrativo para el Estado, señala el experto fiscal Boysen-Hogrefe. “Al ministro de Finanzas no lo beneficia que la gente conduzca coches eléctricos; más bien lo contrario”.

Adiós al impuesto sobre la energía

Su pronóstico: “Si se produce la transición al coche eléctrico y no se modifica el sistema fiscal, el sistema vial se convertirá en un negocio deficitario para el Estado”.

Están en juego miles de millones: según datos de la Oficina Federal de Estadística, la recaudación del impuesto sobre la energía aplicada al diésel y a la gasolina cayó de 37.000 millones de euros en 2016 a 33.000 millones en 2025.

Ya en 2022, un estudio del Consejo Asesor Científico del Ministerio Federal de Digitalización y Transporte había advertido sobre esta pérdida de ingresos. El Consejo prevé que, para el año 2050, la recaudación de este impuesto se reducirá hasta los 5.000 millones de euros.

Esperar no es una opción

“La transición hacia nuevos sistemas de propulsión conlleva repercusiones fiscales que apenas se han debatido hasta la fecha”, señala el informe. A eso se suma “el elevado costo de los incentivos para los vehículos eléctricos —como las primas a la compra—, medidas que actualmente siguen siendo necesarias para impulsar dicha transición”.

Si bien en Alemania se suprimió a finales de 2023 la prima de compra para coches eléctricos de varios miles de euros, estos vehículos siguen exentos del impuesto de circulación hasta 2035. Además, existen ventajas fiscales para las empresas que invierten en automóviles eléctricos.

Hubo expertos que advirtieron que no se puede esperar a que el déficit sea mayor, pero cayó en saco roto. Para Boysen-Hogrefe, la “presión fiscal” posiblemente aumentará ahora, por lo que, si se siguen comprando coches eléctricos de forma masiva, “el Gobierno no podrá limitarse a encogerse de hombros”.

Noruega y el Reino Unido, a la cabeza

Otros países ya han reaccionado ante el curso de los acontecimientos introduciendo nuevas tasas. A partir de abril de 2028, se aplicará un gravamen a los coches eléctricos en el Reino Unido: el denominado “Electric Vehicle Excise Duty” (eVED) establece una tasa de 3 peniques (0,35 céntimos de euro) por milla (1,6 km) para los vehículos totalmente eléctricos y de 1,5 peniques para los híbridos enchufables. En Nueva Zelanda e Islandia, se realiza desde 2024 una lectura anual del cuentakilómetros de los vehículos eléctricos para calcular los impuestos basados en el kilometraje.

En Suiza, los conductores de vehículos eléctricos empezarán a pagar a partir de 2030 una tasa escalonada según el peso o un impuesto de 22,8 céntimos de franco suizo por kilovatio-hora sobre la electricidad utilizada para la conducción en los puntos de recarga.

Noruega, país pionero en la materia, ha restringido desde este año la exención del IVA para los vehículos eléctricos. Además, se aplican tasas de compra o matriculación basadas en el peso, así como peajes.

También en Alemania, muchos expertos abogan por implantar un peaje para turismos con el fin de compensar la pérdida de ingresos derivada del impuesto sobre la energía. “La opción política recomendada es un peaje basado en la distancia recorrida y el tráfico”, señala un estudio recientemente publicado por la Universidad de Münster. La solución aconsejable, indica, es pagar una tarifa fija por períodos determinados, con una viñeta en el parabrisas por comprobante. “En caso de que esta opción también se tope con resistencias políticas insalvables, la única alternativa sería aumentar el impuesto sobre vehículos”, concluye el texto.

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(cp/ms)


Artículo basado en información de dw.com

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