El país entró a marzo con un respiro en el bolsillo de los dueños de vehículos: dos rebajas sucesivas de $500 dejaron el galón promedio cerca de $15.000, un alivio tangible tras el ajuste acumulado de los últimos años.
Pero esa buena noticia convive con un viraje geopolítico que encarece el petróleo y pone en entredicho la continuidad de las reducciones: la escalada del conflicto en Irán disparó el crudo y el gas, con un estrecho de Ormuz tensionado y por donde pasa el 20% del crudo mundial.
El Gobierno formalizó la segunda rebaja y defendió que el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc) tenía margen tras cerrar brechas con el precio internacional. Sin embargo, el nuevo ciclo alcista del crudo encarece el ingreso al productor (Ecopetrol) y estrecha ese margen porque el repunte del Brent implica frenar futuras bajas e incluso forzar aumentos si persiste.
Y es que el choque en Irán podría aliviar ingresos fiscales por mayor renta petrolera, pero “pone en jaque” la senda de reducción de la gasolina.
Aquí es donde se necesita una mezcla de disciplina fiscal y sentido práctico de planificación y no con consignas.
La verdad incómoda es que el Fepc no puede ser un péndulo electoral: cuando se usa como freno de emergencia permanente, termina siendo una cuenta por pagar que diluye recursos para movilidad, seguridad y educación en las regiones. Varios análisis han mostrado su comportamiento procíclico y el riesgo de volver a déficits si el crudo se sostiene alto.
Primero, hay que dejar de prometer lo que la geopolítica no puede cumplir.
Si el crudo se mantiene caro, la prioridad es proteger la estabilidad del sistema y transparentar la fórmula al consumidor, sin ambages. Segundo, hacer mejoras logísticas para bajar costos no regulados: transporte de combustibles, seguridad en corredores y eficiencia en terminales.
Tercero, una hoja de ruta para una ‘papa caliente’: que los subsidios regresivos al diésel bajen, cuidando al transporte de carga con focalización y eficiencia, no con cheques en blanco.
Si el mundo está convulso,
Colombia debe anclar su política de combustibles con técnica, no al vaivén de la coyuntura o del cálculo político. Bajar cuando se pueda, subir cuando corresponda y, sobre todo, explicarlo con el mismo detalle con el que anuncian las rebajas.
Jaime Pumarejo Heins
Email: japuma@portafolio.co
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Artículo basado en información de portafolio.co



