Mientras desde el frente financiero se insiste en aprovechar la coyuntura con visión de largo plazo, desde el análisis económico se advierte sobre la necesidad de coberturas cambiarias para mitigar riesgos.
El fenómeno ocurre en un contexto de debilitamiento global de la divisa estadounidense y de apreciación de varias monedas emergentes.
Desde la perspectiva de inversión, Catalina Tobón, gerente de Estrategia de Inversión de Skandia, señaló que “más que enfocarse en el nivel puntual del dólar, este tipo de escenarios deben entenderse como una oportunidad para diversificar de manera estratégica y tomar decisiones alineadas con los objetivos financieros de largo plazo, evitando reacciones impulsivas ante movimientos coyunturales del mercado”.
De acuerdo con Skandia, a corte de enero de 2026 el peso colombiano acumulaba una valorización cercana al 13%, en línea con otras monedas emergentes.
En el mismo periodo, el índice DXY —que mide el desempeño del dólar frente a monedas como el euro, el franco suizo, la libra esterlina y el yen japonés— registró una desvalorización cercana al 10,7%.
Según la firma, este comportamiento ha estado “impulsado por las expectativas de menores tasas de interés en Estados Unidos, el entorno fiscal del país y una menor confianza internacional en la divisa”.
El análisis también destaca que “un nivel cercano a los COP$3.600 por dólar permite acceder a activos externos en condiciones más favorables, fortaleciendo las estrategias de inversión de largo plazo”.
En este contexto, la recomendación es mantener disciplina y no reaccionar de manera emocional ante movimientos de corto plazo.
Advierte Skandia que “uno de los errores más comunes en estos contextos es tomar decisiones basadas en el ruido de corto plazo, reaccionando emocionalmente a los movimientos del mercado y dejando de lado los objetivos financieros de mediano y largo plazo”.
Sin embargo, la otra cara del fenómeno aparece en el frente productivo. El centro de estudios ANIF señala que “la apreciación del peso colombiano durante 2025 y en lo corrido del 2026 responde principalmente al debilitamiento global del dólar, impulsado por el manejo de la política monetaria en Estados Unidos y una mayor incertidumbre en la política comercial”.
Agrega que “este entorno favorece a los importadores, pero representa un riesgo para los exportadores, al reducir ingresos en moneda local, especialmente en sectores intensivos en exportaciones como el floricultor”.
Según ANIF, en los primeros meses de 2026 el peso colombiano acumuló una revaluación de 15,5% frente al mismo periodo del año anterior.
El centro de estudios subraya que “la apreciación del peso colombiano constituye un riesgo relevante para las empresas exportadoras, en la medida en que reduce el valor en moneda local de los ingresos denominados en dólares, afectando sus márgenes operativos y flujos de caja, con potenciales implicaciones sobre el empleo”.
Añade que este impacto es “especialmente relevante en sectores con alta vocación exportadora, como el floricultor”.
En ese contexto, ANIF plantea alternativas de cobertura. Explica que “los contratos forward surgen como una alternativa para cubrir el riesgo cambiario que permiten estabilizar ingresos de los exportadores al fijar el tipo de cambio futuro, determinado principalmente por los diferenciales de tasas y las condiciones de mercado”.
Así mismo, precisa que “los contratos forward cumplen un papel central en la gestión del riesgo cambiario, al permitir a los agentes económicos, especialmente a los exportadores, reducir la volatilidad de sus ingresos y fortalecer la planeación financiera”.
El análisis también advierte que la valoración de estos instrumentos “responde principalmente al diferencial de tasas de interés entre Colombia y Estados Unidos y, en menor medida, a primas por riesgo y condiciones de liquidez, por lo que no puede interpretarse como una señal directa sobre las expectativas del tipo de cambio spot futuro”.
Mientras desde el ámbito financiero se insiste en que la coyuntura debe leerse como una oportunidad estratégica, desde el frente exportador se enfatiza la necesidad de herramientas para mitigar el impacto de la volatilidad cambiaria.
Skandia sostiene que “pensar en el mediano y largo plazo sigue siendo clave” y que “los ciclos cambiarios suelen ser temporales, mientras que las decisiones estructurales —como la diversificación y la disciplina— son las que terminan marcando la diferencia en la construcción de patrimonio”.
En paralelo, ANIF remarca que existen “dos alternativas para gestionar el riesgo cambiario”: cubrir flujos futuros mediante contratos forward de pesos por dólar o “cubrir la exposición al dólar frente a otra moneda fuerte, como el euro, mediante la venta de dólares y compra de euros”.
Ambas visiones coinciden en el diagnóstico de un dólar debilitado a nivel global, pero divergen en el énfasis: una se centra en la diversificación patrimonial y la otra en la gestión del riesgo operativo.
Así, el peso fuerte configura un escenario de contrastes. Para los inversionistas, el entorno de dólar débil puede representar mejores condiciones para acceder a activos internacionales y fortalecer estrategias de largo plazo.
Para los exportadores, en cambio, implica menores ingresos en moneda local y la necesidad de acudir a instrumentos de cobertura para estabilizar sus flujos.
El mismo movimiento cambiario que abre oportunidades en los portafolios financieros introduce presiones en la economía exportadora, mostrando con claridad las dos caras del peso fuerte en Colombia.
Información extraída de: https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/colombia/las-dos-caras-del-peso-fuerte-gana-el-inversionista-pierde-el-exportador-colombiano/



