* Urge ajustar políticas públicas multidisciplinarias
* Más allá de cambios en patrones socioculturales
La disminución de la tasa de natalidad en Colombia preocupa cada vez más. Los patrones poblacionales están variando de forma sustancial en la última década, circunstancia que debe ser analizada desde múltiples flancos de las políticas públicas a corto, mediano y largo plazos.
El último reporte del DANE señala que el año pasado se registraron 445.011 nacimientos, 70.538 menos que en 2023. Es decir, una reducción del 13,7 %. Así las cosas, el rubro de alumbramientos en 2024 fue el más bajo de la última década. De hecho, el índice cayó un 32,7 % frente a las cifras de 2015.
¿Qué está pasando? Hay distintas causas. De un lado, resulta innegable que las parejas jóvenes se inclinan cada día más por tener menos hijos o, incluso, ninguno. Las estadísticas poblacionales así lo evidencian, salvo muy contadas elecciones. Es más, en un fenómeno individual y sociológico que todavía debe profundizarse en cuanto a sus causas estructurales, la tenencia de mascotas, la preferencia por lograr primero una estabilidad económica más sólida, las mayores exigencias del mercado laboral en materia de mano de obra cualificada e incluso el deseo de viajar y disfrutar de la vida son circunstancias que inciden en la disminución de la tasa de fecundidad en nuestro país.
Ahora bien, este no es un fenómeno exclusivo de Colombia sino una tendencia global. Los últimos reportes de las agencias de Naciones Unidas señalan que la población mundial es cada día más longeva y la tasa de natalidad retrocede casi un 2 % anual. De hecho, mientras algunos países han anulado las restricciones que limitaban el número de hijos por familia y ahora hasta incentivan los embarazos, en otros la tabla de salvación para combatir los índices de envejecimiento generales termina siendo la migración.
Otros tratadistas señalan que, aunque es una situación todavía muy reciente y ello complica derivar conclusiones más determinantes y objetivas, el impacto multidisciplinario de la pandemia de covid-19 en la psiquis individual y colectiva de las sociedades, no solo en Colombia sino en todo el mundo, estaría llevando a muchas personas jóvenes a, por lo menos, repensar o aplazar los planes de ser padres.
Pero no son los únicos elementos a sopesar. De hecho, en junio la Organización Panamericana de Salud (OPS) advirtió, con base en estudios del Fondo de Población de las Naciones Unidas, que la caída en las tasas globales de natalidad no reflejaba necesariamente un rechazo a la maternidad o la paternidad, sino que tenían nexos con una crisis más profunda relacionada con la imposibilidad de formar las familias deseadas debido a obstáculos económicos, sociales y culturales. Entre esos elementos que desmotivan apostar por los hijos estarían la alta inflación, inseguridad laboral, falta de vivienda adecuada, ausencia de una pareja estable e incertidumbre ante el futuro.
Agregó la OPS que en países como México, Brasil, Colombia y Argentina las tasas de fecundidad han caído por debajo del nivel de reemplazo, algo que tradicionalmente se atribuía a un ‘cambio cultural’ pero que en realidad “se debe a la falta de condiciones propicias”.
Sea cual sea la causa de la caída en la tasa de fecundidad en nuestro país en la última década, que obviamente lleva a un mayor porcentaje de personas adultas y adultas mayores, cuya esperanza de vida hoy es de 76,59 años, es claro que este cambio en la pirámide poblacional impacta múltiples sectores, empezando por los sistemas de salud, pensional y de seguridad social, así como el mercado laboral, los enfoques del esquema educativo y los escenarios de focalización para subsidios, inversión social, planimetría presupuestal, cierre de brechas de pobreza y desigualdad… Incluso influencia aspectos como las políticas migratorias, demanda de servicios públicos y dinámicas electorales, entre otros.
Ante una perspectiva, según la cual para mediados de este siglo uno de cada cinco nacionales sería mayor de 65 años, es urgente que Gobierno, Congreso, academia y distintos sectores políticos, económicos, sociales e institucionales abran una discusión seria y profunda. Colombia está un paso atrás en este debate, lo que es grave. Sin embargo, puede nutrirse de las lecciones aprendidas de otras naciones que van adelantadas en dicho análisis y la adopción de medidas para amortiguar sus consecuencias.
Información extraída de: https://www.elnuevosiglo.com.co/editorial/ojo-caida-de-natalidad



