Otra cumbre, ahora es la COP30 en Belém

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Durante las próximas dos semanas se celebrará en Belém, Brasil, la cumbre anual del clima, y es lo mismo que en las anteriores: mucha reunión y poca ejecución

Desde 1992 se celebran cumbres climáticas, al punto que cada año hay una o dos semanas dedicadas a hablar sobre clima, cambio climático, sostenibilidad y compromiso de los gobiernos para evitar la eventual “hecatombe humana” ocasionada por las formas y modos de hacer más productivas las economías. Sobra el contexto de la nueva cita climática en Belém, Brasil, hija de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y parida en diciembre de 2015 cuando nació el Acuerdo de París, un ambicioso pacto climático que se ha quedado en los anaqueles o presentaciones de Power Point.

Es una cumbre siempre coja al no contar con la presencia activa de los mayores contaminadores del mundo, tales como Estados Unidos, China e India, que con su inasistencia, inactividad o silencio ciegan cual compromiso global en función de un mejoramiento de la creciente contaminación y el aumento en la huella de carbono de los países más desarrollados y de las economías emergentes.

La cita de Belém estará, sin embargo, dominada por el incumplimiento de una de las obligaciones del Acuerdo de París. Pocos de los países que forman parte del Acuerdo de París presentan cómo va el recorte de emisiones, ni mucho menos los planes estratégicos; y es lógico, pues comprometerse con evitar el aumento de la temperatura es solo una ilusión, dado que quienes contaminan no hacen parte de los compromisos.

El otro agujero, en el ingenuo mecanismo global que busca una paz climática, es la mínima presencia de las grandes corporaciones que operan en todo el mundo y cuya huella de carbono duplica la de países muy consolidados; Amazon, Apple, Meta o Microsoft, además de sus antagonistas chinas, nunca están presentes de manera activa, mientras el comercio que desarrollan transforma el mundo. Y tiene razón porque no son gobiernos, pero sí están en capacidad de liderar, transformar las sociedades que dominan. Una campaña liderada por Amazon o sus competidores chinos pueden cambiar formas de producir y maneras de consumir si se lo propusieran, pero no va a pasar porque a las cumbres climáticas solo van gobiernos gregarios, nunca los líderes.

En febrero de este año, se deberían haber presentado los nuevos planes de compromiso de los Estados involucrados para mejorar las dinámicas de contaminación, todo alineado con los objetivos para 2035, pero ningún país relevante hizo la tarea por el simple hecho de que nada es vinculante, y así las cosas, las cumbres se quedan como una absurda izada a la bandera que no sirve para nada. No hay sanciones, no hay recompensa, no hay zanahoria, solo garrote mediático.

Es indispensable que los líderes ambientales del mundo sean capaces de convocar a China, Estados Unidos y las grandes corporaciones en torno al cambio climático o a la contaminación global, imperativo que no sucede porque la lucha en función de la sostenibilidad ambiental se ha convertido en un partido político de izquierda que se opone al negacionismo liderado por países que dominan el mundo. Tanto China como EE.UU. no copian el discurso verde porque éste ha sido capturado por militancias distantes, nunca han actuado en función de las sociedades, sino de ganar escaños o controlar gobiernos.

Ojalá la cumbre en Bélem sirva para relanzar los compromisos ambientales, pero desde otras ópticas que no sean políticas.

Información extraída de: https://www.larepublica.co/opinion/editorial/otra-cumbre-ahora-es-la-cop30-en-belem-4266449

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