Qué factores influyen en la caída del precio del café

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En el momento en que los intereses suben, la industria ve la necesidad de ajustarse a la nueva realidad, reduciendo drásticamente inventarios.

Don Ernesto Garces, uno de los mayores productores de café que tuvo el país, cuando le preguntaban si los precios iban a subir o a bajar, respondía de manera jocosa: “De café no sabemos nadies”.

Hoy el problema no tiene que ver con predecir el futuro sino con explicar el pasado. Analistas muy vocales han salido a señalar culpables de la caída de los precios y de la disminución de la prima del café colombiano, en el lugar equivocado. El problema de los malos análisis es que siempre terminan por regalar el sofá de la casa.

Uno de ellos ha sido muy reiterativo en señalar que el problema de la caída de la prima del café colombiano se debe al aumento de las importaciones de café de otros orígenes y su mezcla en el café que se exporta de Colombia. Esto no es muy preciso.

El precio del café, no solo el colombiano, viene cayendo desde los picos alcanzados el año pasado. Los ciclos de precios de los commodities son ineludibles. Los precios del café en las bolsas de NY y Londres, que subieron como resultado de la helada de Brasil en el 2021, han venido bajando, reflejando la recuperación en la oferta de ese país. En efecto, este año (23/24) se espera una producción 62 de millones de sacos de 60 kg y la producción brasileña del próximo año (24/25) se espera que esté por encima de los 70 millones.

Por otra parte, la demanda también se ha visto afectada por caídas en el consumo, hecho ampliamente documentado en los recientes informes de los grandes tostadores mundiales. Casi todos muestran que se está consumiendo menos café.

Pero hay otras explicaciones. Una muy importante en este momento tiene que ver con el aumento de las tasas de interés en las economías consumidoras, resultado de la lucha de los bancos centrales por controlar la inflación. El negocio del café es una actividad financiera, la cadena requiere de pagos a proveedores, almacenar inventarios, procesar el café y otras actividades que se hacen a crédito. 

Desde el 2008 la industria, en todos sus eslabones, se financió con dinero muy barato. Como resultado de la crisis financiera del 2008, se diseñaron diversos programas orientados a dar liquidez al mercado de la era Obama y posteriormente los programas de laxitud monetaria de la pandemia, constituyeron lo que los analistas americanos han llamado ‘la edad del dinero fácil’. La industria cafetera terminó siendo beneficiada con ese dinero. Sin embargo, en el 2021 la fiesta se acabó.

El incremento de la inflación del 2021 (6,8 % en los US) obligó a los bancos centrales a aumentar sus tasas de interés. Si Warren Buffet dice que solo cuando baja la marea se sabe quién está nadando desnudo, en el caso del café tanto los tostadores como los importadores estaban desnudos. En el momento en que las tasas de interés suben, la industria se ve en la necesidad de ajustarse a la nueva realidad, reduciendo drásticamente sus inventarios, es decir, parando sus compras.

Así mismo, el trade (los importadores), quienes compran el café en origen y lo venden a los tostadores en destino, también se vieron forzados a reducir sus inventarios. A los importadores no solo los afecto el aumento de las tasas interés, sino principalmente el hecho de que en el 2021 el mercado de futuros se invirtió como resultado de la helada de Brasil.

En efecto, los mercados de futuro ‘normales’ tienen una curva con pendiente positiva, en donde las posiciones futuras tienen más valor que las posiciones recientes, de esta manera el mercado reconoce el costo que tiene acarrear café para entregar en el futuro.

El problema surge cuando, como resultado de una disrupción de la oferta, como la del 2021, el mercado se invierte. En un mercado invertido, las posiciones futuras son más baratas que las posiciones a la vista. El importador, que normalmente mantiene inventarios para poder ofrecer a los tostadores empezó a ver que su inventario perdía valor y que en el futuro lo tendría que vender a un precio aún menor, a pérdida.

Por esta razón, los importadores también se vieron obligados a disminuir sus inventarios, comprando menos café. Todo lo anterior refuerza la caída en la demanda y sus consecuencias en la disminución de los precios. 

Pensar que los precios caen por explicaciones locales solo es un síntoma de lo provincianos que somos. Los diferenciales de Brasil, Honduras, Guatemala, Perú están sintiendo los mismos efectos y sus primas también se han caído de forma sustancial.

Por último, es importante entender que en Colombia la importación de cafés de otros países es una consecuencia de la liberación de las exportaciones de café de inferior calidad (pasillas), que ocurrió a partir del 2016. Esta medida ha traído importantes beneficios económicos a los cultivadores. Las exportaciones de Colombia aumentaron más de un millón de sacos como resultado de este cambio.

Pero sin duda, el mayor efecto ha sido el aumento del precio de la pasilla. Las pasillas, que representan el 10% de la producción de una finca, se vendían a un precio 60% por debajo del precio internacional antes del 2016, hoy los productores las venden al valor del mercado internacional.

Las importaciones de café de otros orígenes no son sino el otro lado de la moneda de haber permitido exportar café de inferiores calidades, la medida obligó a la industria torrefactora nacional a proveerse en el mercado internacional. El aumento en las importaciones al final no refleja sino el éxito que ha tenido liberar el mercado de exportación de las pasillas de Colombia.

Información extraída de: https://www.portafolio.co/economia/finanzas/la-caida-del-precio-del-cafe-587803
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