Siguen sonando las alarmas

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La deuda externa pública repuntó cuando Colombia tiene menos margen fiscal, más riesgo país y menos credibilidad.

El Banco de la República reportó esta semana que la deuda externa pública cerró en diciembre de 2025 en US$152.747 millones, 15,3% más que en 2024, equivalente a 33,3% del PIB y 1,7 puntos por encima del año anterior.
El dato no sorprende, a la luz de la estrategia de financiamiento a la que nos ha acostumbrado este gobierno, pero eso no significa que no sea una alarma. Lo es y afecta al país entero.
Después del shock de 2020 y 2021, lo esperable era una corrección más clara de la deuda pública externa, sobre todo en ausencia de un nuevo choque macroeconómico extraordinario.
Pero esa trayectoria se interrumpió. En 2024, la deuda pública externa equivalía a 31,6% del PIB y en 2025 subió a 33,3%. Estamos en la dirección equivocada y nada indica, por ahora, que esa presión vaya a ceder pronto.
El arranque de 2026 confirmó que la presión de financiamiento sigue viva. En enero, el Gobierno colocó US$4.950 millones en bonos en dólares, en la mayor emisión de este tipo en la historia del país, según informó el Ministerio de Hacienda. Más que un hecho aislado, es una señal de continuidad.
La lectura se agrava cuando se cruza con el frente fiscal. El déficit primario de 2025 se amplió a -3,5% del PIB, frente a -2,4% en 2024, el mayor en tres décadas, excluyendo las crisis macroeconómicas.
El Carf advirtió que la situación es cada vez más preocupante y que el deterioro no ocurrió por un choque externo extraordinario, sino en medio de decisiones fiscales internas que han agravado las finanzas públicas, reflejadas en la sobreestimación de ingresos y la subestimación de gastos.
Las alarmas fiscales siguen sonando en cadena y la actualización del Plan Financiero, publicada apenas ayer, refuerza esa lectura.
El Gobierno tuvo que corregir sus supuestos macroeconómicos, reconocer menores ingresos y ajustar gasto sobre la marcha, y aun así proyecta un déficit elevado y una deuda que apenas se estabiliza.
Pero el documento no es claro en explicar de dónde van a recortar $25 billones de gasto primario y $18 billones de intereses. Eso confirma que el problema colombiano ya no es solo de tamaño de deuda, sino de credibilidad fiscal. Como recordó Leonardo Villar hace pocas semanas en Portafolio, la deuda ya no debe leerse solo por su tamaño, sino por la confianza que existe para financiarla.
Cuando esa confianza se erosiona, el país paga más por captar nueva deuda, aumenta el peso del servicio de la deuda y se reduce el margen de maniobra del Estado.
En una economía como la colombiana, ese deterioro termina además presionando el costo del financiamiento para el resto del mercado.
Una muestra de ello es que Colombia volvió a ampliar su prima de riesgo país (EMBI) frente a los demás países de la región, hasta alcanzar su nivel más alto desde agosto de 2025. No es un problema abstracto de economistas.
Es un deterioro que afecta la competitividad, el financiamiento y el margen de maniobra de toda la economía. Las alarmas siguen sonando. Y no hay señales creíbles de corrección.
Por eso el dato de deuda externa pública de 2025 no debe leerse como una foto, sino como una muy seria advertencia. Cada mes sin ajuste fiscal real y creíble encarece la corrección, reduce el margen de maniobra y traslada un costo mayor a quienes tendrán que gobernar y producir en los años que vienen.
Jaime Pumarejo Heins
Información extraída de: https://www.portafolio.co/opinion/editorial/siguen-sonando-las-alarmas-489861
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