Subida del salario mínimo ya presiona costos empresariales y acelera ajustes en políticas de compensación

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El aumento no solo impacta a quienes ganan mínimo, sino también encarece salarios integrales y cargas.

La subida del salario mínimo para 2026 ya comenzó a sentirse en la estructura de costos de las empresas y está acelerando cambios en sus políticas de compensación; luego de que empezara a regir el $1.750.905, con un auxilio de transporte de $249.095, que se anunció el año pasado, pese a que todos pedían que este ajuste fuera mucho menor.

Aunque la medida busca fortalecer el poder adquisitivo de los trabajadores de menores ingresos, un reciente análisis de KPMG reafirma que su efecto se está extendiendo mucho más allá de ese segmento y está tocando distintos esquemas salariales.

Concretamente, señalan que desde el inicio del año, las compañías empezaron a reflejar un aumento generalizado de sus costos laborales, no solo por los trabajadores que devengan el mínimo, sino por el efecto indirecto sobre otras modalidades de pago y que el ajuste impacta múltiples modelos de remuneración y estructuras de negocio, lo que ha obligado a revisar presupuestos, proyecciones y decisiones de contratación bajo criterios de sostenibilidad financiera y cumplimiento normativo.

Uno de los puntos donde más se siente el ajuste es en el salario mínimo integral, utilizado para trabajadores con ingresos superiores a diez salarios mínimos; ya que con el nuevo incremento, este tipo de salario asciende automáticamente a $22.761.765 mensuales, lo que ha llevado a muchas empresas a revisar si pueden sostener este esquema y pone sobre la mesa que el efecto no es marginal, porque modifica de forma directa la base sobre la cual se calculan distintos componentes laborales.

Como explica Valeria Martínez, senior de Servicios Legales de KPMG en Colombia, “el incremento del salario mínimo no solo impacta a quienes devengan ese ingreso, sino que tiene un efecto transversal sobre figuras como el salario integral, que incluye prestaciones sociales, recargos, horas extras y otros conceptos, con excepción de las vacaciones”. Esta analista recuerda que esa característica hace que el aumento se traslade a capas más amplias de la nómina y no se limite a los rangos salariales más bajos.
Frente a este escenario, varias compañías están replanteando sus estrategias de compensación; dado que en la práctica, se observa una tendencia a migrar trabajadores desde la modalidad de salario integral hacia esquemas salariales ordinarios y bajo este modelo, se garantiza como mínimo el 70% del salario integral previamente pactado como salario base, mientras el 30% restante corresponde al factor prestacional que se reconoce durante la relación laboral.

“Estos cambios, además, suelen venir acompañados de incrementos adicionales atados al IPC, con el fin de conservar cierto equilibrio para el trabajador y, al mismo tiempo, moderar el crecimiento inmediato de los costos empresariales. La intención es contener el salto de gasto laboral desde enero sin afectar la estabilidad del empleo ni la competitividad, aunque el rediseño de los contratos exige un soporte técnico y jurídico cuidadoso”, agregó.
Ante esto, Martínez acotó que la razón es que modificar la modalidad salarial cambia también las bases de cálculo de prestaciones sociales, recargos, aportes a seguridad social y contribuciones parafiscales; dado que “si estos ajustes no se gestionan correctamente, pueden derivar en contingencias legales y diferencias en liquidaciones futuras. Por eso, la revisión contractual detallada se vuelve una tarea prioritaria para las áreas legales y de talento humano”.

Para quienes permanecen bajo la modalidad de salario integral, el efecto también se traslada al frente tributario si se tiene en cuenta que el aumento eleva la base gravable y activa con mayor intensidad las tarifas progresivas del impuesto sobre la renta y la retención en la fuente, de modo que la carga fiscal individual también crece. Así, el ajuste no solo impacta el costo empresarial, sino el ingreso neto disponible de ciertos trabajadores.

“A este panorama se suma la incertidumbre jurídica frente a una eventual nulidad del decreto que fijó el incremento del salario mínimo. De presentarse este escenario, es probable que sus efectos sean hacia el futuro y no retroactivos, lo que implicaría que los valores ya pagados no podrían ser descontados a los trabajadores ni compensados por los empleadores”, acotaron desde KPMG.

Así las cosas, el equipo de expertos cerraron diciendo que el incremento está generando ajustes inmediatos en los costos laborales y en las políticas salariales de las empresas y que este escenario exige una gestión estratégica y jurídicamente sólida, que permita equilibrar el cumplimiento normativo con la sostenibilidad financiera y la estabilidad laboral.
Información extraída de: https://www.portafolio.co/economia/empleo/subida-del-salario-minimo-ya-presiona-costos-empresariales-y-acelera-ajustes-en-politicas-de-compensacion-487231
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