El presidente del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf), Juan Carlos Ramírez Jaramillo, lanzó una advertencia que marca un punto de inflexión para las finanzas públicas del país al señalar que Colombia entró en un nivel crítico en el que ni siquiera cumplir la regla fiscal garantiza la sostenibilidad de la deuda.
El mensaje, enviado en el marco del Congreso de Asofondos que se realiza en Cartagena, no es menor, si se tiene en cuenta que los analistas y operadores del mercado vienen evaluando la estabilidad fiscal y piden un mayor ajuste al gasto.
“Hemos llegado a un punto tan crítico que ni siquiera cumplir la regla fiscal nos asegura la sostenibilidad de la deuda a mediano plazo”, afirmó Ramírez, al señalar que el país deberá ir más allá de las metas actuales. El directivo explicó que estabilizar las finanzas requerirá un esfuerzo prolongado en el tiempo, con resultados consistentes y sostenidos, lo que implica cambios estructurales en la trayectoria del gasto y los ingresos del Gobierno Nacional.

El diagnóstico se apoya en los datos más recientes del seguimiento fiscal del Carf, que evidencian un deterioro progresivo en las cuentas públicas. A febrero de 2026, el déficit total del Gobierno Nacional Central se ubicó en 1,7% del PIB, con un aumento frente al mes anterior, mientras que el déficit primario alcanzó 0,8% del PIB.
Presión creciente de la deuda sobre las finanzas públicas
Uno de los factores que explica este comportamiento es el aumento del costo de la deuda. Según el Carf, los intereses ya representan el 35,6% de los ingresos tributarios del Gobierno, un nivel significativamente superior al observado en 2025 y al promedio histórico. Este incremento ha sido impulsado principalmente por obligaciones internas, lo que está presionando el gasto y reduciendo el margen de maniobra fiscal.
La carga de intereses no solo incrementa el déficit total, sino que limita la capacidad del Gobierno para destinar recursos a otras áreas. En este contexto, el informe señala que los pagos por servicio de deuda se han acelerado y han ganado participación dentro del gasto público. Este fenómeno refuerza la advertencia de que el problema fiscal no es únicamente coyuntural, sino estructural y acumulativo.
Deuda en ascenso y menor margen de maniobra
El deterioro también se refleja en el nivel de endeudamiento. A febrero de 2026, la deuda bruta del Gobierno alcanzó el 62% del PIB, con un incremento mensual de 1,6 puntos porcentuales, mientras que la deuda neta se ubicó en 59,4% del PIB. Estas cifras muestran un alejamiento frente al ancla fiscal de mediano plazo, que se ubica en niveles inferiores y refuerza las preocupaciones sobre la sostenibilidad.
Al mismo tiempo, la estructura de financiamiento evidencia riesgos adicionales. Aunque la participación de instrumentos de corto plazo se redujo levemente, sigue en niveles históricamente altos, lo que implica mayor vulnerabilidad ante cambios en las condiciones del mercado. A esto se suma que los niveles de caja del Gobierno se mantienen por debajo de mínimos históricos, reduciendo el colchón de liquidez disponible.
Ajuste más exigente y de largo plazo
En este contexto, Ramírez enfatizó que el país deberá realizar un ajuste más profundo del contemplado actualmente y acotó que “tendremos que llegar a un nivel de balance primario positivo de al menos un punto del PIB en forma sostenida durante cinco, seis, siete años”, explicando también que la estabilización de la deuda exige resultados fiscales positivos en el tiempo, no solo reducciones marginales del déficit.
El mensaje implica que Colombia deberá gastar menos de lo que recauda durante varios años consecutivos para corregir la trayectoria de la deuda. Este escenario supera las exigencias actuales de la regla fiscal y plantea un reto de mediano plazo que trasciende la coyuntura. La advertencia del Carf sugiere que el país enfrenta una etapa en la que la disciplina fiscal deberá intensificarse para recuperar estabilidad.
Artículo basado en información de portafolio.co



