Volando bajo y sin confianza

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Hay cifras que describen una economía y otras que la advierten. Las más recientes proyecciones apuntan más a lo segundo. Colombia no se detendrá, pero avanzará más lento: crecería 2,4% en 2026 y 2,1% en 2027, en un entorno donde la inflación persiste, el crédito se encarece y la incertidumbre se vuelve hábito más que excepción.

No se trata de una caída abrupta, sino de una pérdida de impulso que revela algo más preocupante: la economía sigue creciendo, pero cada vez con menos motores encendidos. El consumo aún resiste, impulsado en parte por el gasto público, pero la inversión -la variable que define el crecimiento futuro- continúa muy débil, fragmentada y cada vez más cautelosa.

La explicación no es misteriosa. Inflación por encima de la meta, costos laborales al alza, indexación extendida, presión fiscal y choques externos han obligado a una política monetaria restrictiva que, aunque necesaria, tiene un costo directo sobre la actividad económica.

Ese costo se vuelve estructural cuando la tasa de interés no solo sube, sino que se mantiene elevada más tiempo del esperado, con un techo cercano al 12,75% hasta bien entrado 2027, de acuerdo con la última proyección de la Ocde. En ese contexto, el problema deja de ser coyuntural.

Una economía que enfrenta inflación persistente y tasas altas por periodos prolongados no solo desacelera su consumo, también posterga sus decisiones de inversión, limita la expansión empresarial y erosiona su capacidad de generar empleo de calidad.

El crédito caro no distingue entre corto y largo plazo: afecta al hogar que reduce su gasto y a la empresa que aplaza proyectos. El dato más incómodo no está en la proyección de crecimiento, sino en la confianza. Empresas y consumidores permanecen en terreno moderado, reflejando una incertidumbre que combina factores internos -fiscales y políticos- con un entorno global volátil.

Sin confianza, el crecimiento no se detiene, pero pierde profundidad. Ahí está el verdadero reto. No es solo controlar la inflación, sino reconstruir las condiciones para que la inversión vuelva a ser protagonista. Porque crecer por inercia es posible. Pero hacerlo sin inversión es, inevitablemente, empezar a estancarse.

JAIME PUMAREJO HEINS


Artículo basado en información de portafolio.co

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