En su oficina en Santiago de Chile, Juan Pablo Córdoba tiene claro que el proyecto que lidera está cerca de cruzar una línea decisiva. La integración de los mercados de valores de Chile, Perú y Colombia —una iniciativa que comenzó en 2019— que dejó de ser una promesa lejana, para convertirse en una realidad en construcción avanzada en todos sus frentes.
Tras años de trabajo técnico, regulatorio y operativo, las plataformas comienzan a alinearse, las reglas se homologan y los primeros hitos concretos ya están en marcha. El avance, dice, ha sido deliberadamente pausado, pero firme.
Sin embargo, Córdoba introduce un aspecto fundamental y es que el verdadero desafío no es solo integrar los mercados, sino lograr que esa operación funcione, genere liquidez y atraiga inversión. Ese momento —advierte— marcará apenas el inicio de una nueva etapa pensada para los próximos 50 años.
EL TIEMPO viajó hasta Santiago de Chile y conversó con el directivo, quien a pesar de la distancia, no pierde de vista a Colombia, país donde lideró por casi dos décadas su plaza bursátil (BVC) y que hoy enfrenta retos en materia fiscal y de confianza, factores que serán determinantes para el éxito de esta nueva arquitectura financiera regional.
Este año será determinante para la integración bursátil regional ¿Qué está resuelto y qué sigue siendo crítico para que el mercado integrado funcione plenamente?
Hemos avanzado de manera muy significativa. Desde el inicio identificamos varios frentes: tecnología, reglas de negociación, compensación y liquidación, y normas habilitantes. Hoy, prácticamente todo está resuelto o muy adelantado. Por ejemplo, las reglas de negociación ya están aprobadas en los tres países. Eso era fundamental, porque sin reglas homogéneas no se puede operar una plataforma común. Ese paso ya está dado y nos permite avanzar en la implementación tecnológica. Lo que sigue siendo crítico es completar la parte de compensación y liquidación y, por supuesto, las autorizaciones regulatorias finales.
Más allá del hito operativo, ¿qué cambia estructuralmente para los mercados tener una sola plataforma regional?
Cambia todo. No es solo un tema tecnológico. Al implementar una sola plataforma, estamos creando una infraestructura común para los tres mercados. Colombia ya está operando bajo este modelo, y eso es un hito muy importante porque no es solo Colombia: al implementar el sistema en un país, estamos validando el modelo para toda la región. En las próximas semanas esperamos tener a Perú y luego a Chile. Eso significa que, a mediados de este año, los tres mercados estarán operando bajo una misma lógica desde el punto de vista técnico.

Usted menciona que el sistema estará listo desde el punto de vista técnico, pero depende de aprobaciones regulatorias. ¿Dónde están hoy los principales riesgos o incertidumbres en ese frente?
El principal punto es que las autoridades deben autorizar la operación integrada. Nosotros estamos haciendo toda la tarea para que eso sea posible. Ya hay avances importantes, porque primero se aprobaron las reglas de negociación y ahora estamos en el proceso de aprobación de las reglas de compensación y liquidación. No veo obstáculos estructurales, pero claramente dependemos de esos tiempos regulatorios.
Cuando ocurra la primera operación transfronteriza, ¿qué tanto cambiará el mercado en ese momento?
Ese momento es simbólicamente muy importante, pero en la práctica es apenas el comienzo. La infraestructura hace viable el mercado integrado, pero el valor se genera después: cuando hay más liquidez, más inversionistas y más productos. Esto no es el punto de llegada, es el punto de partida.
Pensando en un siguiente paso más adelante, ¿qué condiciones debería tener un país o incluso un bloque de países para sumarse a una integración como esta?
Hoy estamos enfocados en consolidar Chile, Perú y Colombia. Esa es la prioridad. Pero en principio, cualquier país que quiera sumarse es bienvenido, siempre que esté dispuesto a integrarse a una infraestructura común. También hay otro camino, y es que este modelo sirva como referencia para que otras regiones construyan sus propios procesos de integración. Por ejemplo, bloques como Centroamérica podrían avanzar en esa dirección. Lo importante es que haya complementariedad en la oferta. Desde el punto de vista del inversionista, esto funciona como un “supermercado”: entre más productos y alternativas haya, más atractivo se vuelve.
Si la infraestructura ya está casi lista, ¿qué es lo más difícil: construir el sistema o lograr que el mercado lo use y genere valor?
Sin duda lo segundo. Construir la infraestructura es complejo, pero es un proceso finito. Lograr que el mercado genere valor toma tiempo. Hay que desarrollar productos, atraer inversionistas, generar liquidez. Eso no sucede de la noche a la mañana.
Usted ha mencionado oportunidades importantes en el mercado de deuda. ¿Qué barreras estructurales existen hoy y cómo ayuda la integración a superarlas?
Hoy el mercado de bonos en la región es relativamente limitado y fragmentado. La integración permite crear una plataforma más atractiva para inversionistas internacionales. Además, abre oportunidades para emisores. Por ejemplo, un emisor colombiano podría encontrar mejores condiciones en otro mercado de la región. También permite avanzar hacia estándares comunes, como metodologías de calificación, que son clave para desarrollar ese mercado.
Usted mencionaba el mercado de deuda como una gran oportunidad. En el contexto global actual, con una alta demanda por materias primas, ¿qué papel puede jugar la región en la atracción de capital?
América Latina tiene una posición muy relevante hoy. La región cuenta con recursos que el mundo está demandando: litio, cobre, oro, gas, petróleo, entre otros. Eso abre una oportunidad importante, porque los inversionistas no necesariamente tienen que exponerse al commodity, sino que pueden hacerlo a través de bonos o acciones de empresas que operan en esos sectores. El reto es construir un mercado que permita canalizar ese interés. Si logramos que los inversionistas puedan acceder de manera más simple y eficiente a estos activos, se puede generar un flujo de capital muy significativo hacia la región.
¿Qué tendría que pasar para que esta integración deje de ser un proyecto operativo y se convierta en un mercado relevante a escala internacional?
Tiene que haber más liquidez, más emisores y más participación de inversionistas internacionales. La infraestructura es la base, pero el mercado se construye sobre esa base. Si logramos eso, podemos tener un mercado mucho más competitivo.
Colombia sigue siendo un actor clave dentro de esta integración, pero enfrenta retos en materia fiscal y de confianza. ¿Qué señales están mirando hoy los inversionistas?
El tema fiscal es fundamental. Hay un deterioro que es preocupante y que debe corregirse. Pero también hay un tema de confianza. Más allá del color político, lo que importa es la estabilidad en las reglas de juego y el respeto institucional.
Recuperar la estabilidad fiscal requiere un proceso que puede ser complejo y tomar tiempo, pero es indispensable. Colombia ha tenido históricamente una reputación de buen manejo macroeconómico, y eso le da un punto de partida importante.
¿El problema de Colombia hoy es más de fundamentales económicos o de percepción?
Diría que es una combinación, pero la confianza juega un papel muy importante. Colombia tiene una historia de buen manejo macroeconómico, y eso sigue siendo un activo. Pero las señales que se envían hoy son determinantes para los inversionistas.
¿Hasta qué punto una pérdida de confianza en Colombia puede afectar la narrativa de integración regional?
Si uno quiere presentarse como un bloque, es importante que haya coherencia. Si uno de los países genera incertidumbre, eso puede afectar la percepción del conjunto. Pero nuestra visión es de largo plazo. Creemos que juntos somos más fuertes que separados y que esta integración tiene sentido estructural, esta primera etapa, si se puede llamar así, está pensada para los próximo 50 años.

En ese horizonte, ¿qué tendría que ocurrir para considerarla exitosa?
Que logremos desarrollar un mercado más profundo, con mayor liquidez y más capacidad de financiamiento para las economías. Esto no depende de una coyuntura específica. Es una construcción de largo plazo, donde la clave es generar confianza y demostrar que el modelo funciona.
Más allá del diagnóstico, ¿qué tendría que hacer el próximo gobierno para recuperar la confianza y cuánto podría tomar ese proceso?
El punto central es recuperar la estabilidad fiscal. Eso requiere un proceso que puede ser complejo y tomar tiempo, pero es indispensable. Colombia ha tenido históricamente una reputación de buen manejo macroeconómico, y eso le da un punto de partida importante. Si hay un compromiso claro con la institucionalidad, con reglas de juego estables y con disciplina fiscal, el país puede recuperar credibilidad. No será inmediato, pero tampoco es un proceso de décadas. Si se envían las señales correctas, el mercado suele reaccionar relativamente rápido.
Artículo basado en información de eltiempo.com



