En pocas semanas, la relación con Estados Unidos ha dado señales más que claras de acercamiento. El secretario de Estado, Marco Rubio, visitó Barranquilla. La embajadora María Consuelo Araújo presentó sus cartas credenciales ante el presidente Donald Trump. Y esta semana, el vicepresidente José Manuel Restrepo participó en Nueva York en la reunión del Escudo de las Américas liderada por Trump. Son pasos valiosos. Ojalá se conviertan pronto en resultados para colombianos que venden sus bienes en ese mercado.
La necesidad es evidente. Desde el 24 de julio, buena parte de lo que Colombia exporta a Estados Unidos paga un arancel adicional de 12,5%, cuando antes pagaba 10%. La razón no es que nuestros productos se fabriquen con trabajo forzoso. Washington reclama que el país no tiene una norma que impida importar bienes hechos así en otras naciones.
Mientras tanto, México y Ecuador pagan 10%, y a un comprador estadounidense le sale más barato lo que llega de allá. En productos como flores, confecciones o chocolates, que compiten por precio, esa diferencia pesa.
Formalmente el arancel lo paga el importador, pero para no perder el pedido muchas veces es el exportador el que termina bajando su precio.
Las cifras oficiales explican la inquietud. Según el Dane, entre enero y julio las ventas a Estados Unidos sumaron US$9.234 millones, 4,8% más que un año atrás, pero sin el oro cayeron 2,2%. El Banco de la República encontró algo parecido en el total. En el primer semestre, las exportaciones de bienes crecieron 13,6%, sobre todo por el oro, cuyo precio subió 56,7%, y por el petróleo. Las manufacturas exportadas, en cambio, retrocedieron 7,1% en julio. Las importaciones de bienes de consumo subieron 30% y el déficit de la cuenta corriente fue de 3,5% del PIB en el segundo trimestre. EE. UU. sigue siendo el mayor cliente del país, con 28,4% de lo que vendemos afuera.
A ese golpe se suma el del dólar. Cuando la divisa se abarata, cada venta en el exterior se convierte en menos pesos para pagar nómina, insumos y créditos. En lo corrido del año, el dólar ha perdido cerca de 13% de su valor frente al peso. Aunque en estos días repuntó, los márgenes de muchos exportadores son hoy muy estrechos.
Según Analdex, cuatro exportadoras de frutas ya cerraron operaciones por esta razón. Detrás de estos negocios hay miles de empleos en el campo y en la industria, muchos de ellos en regiones donde hay pocas alternativas.
Por eso, la diplomacia debe acompañarse de tareas concretas. El Ministerio de Comercio publicó en agosto un proyecto de decreto para prohibir la importación de bienes producidos con trabajo forzoso, que es justamente lo que pide Washington. Ecuador hizo esa tarea en abril y hoy paga menos. Analdex ha calculado que el recargo podría afectar ventas por US$4.438 millones y a 1.751 firmas. Expedirlo depende solo del Gobierno y debería hacerse pronto. Y siguen pendientes los aranceles al acero y al aluminio.
La buena sintonía política con Washington es un activo que el país no tenía hace unos meses. Pero por sí sola no garantiza nada. Hace tres semanas se dijo que el desmonte del arancel llegaría en pocos días y todavía no se concreta. Cada semana de espera significa pedidos que se pierden y clientes que se van con la competencia. El mejor resultado sería la reducción de aranceles para Colombia. Ojalá los encuentros de estas semanas se traduzcan pronto en ese alivio, que miles de exportadores esperan con angustia.
JOSÉ CAPARROSO
Artículo basado en información de portafolio.co



