El fenómeno de El Niño tendría una probabilidad cercana al 90% de materializarse hacia septiembre de 2026 en Colombia, según BBVA Research, que encendió alertas sobre sus efectos económicos, tras advertir que el impacto dependerá de su intensidad, pero anticipa riesgos relevantes para sectores clave como agro, energía y transporte, con implicaciones directas sobre precios, producción y el costo de vida en el país.
El análisis indica que, aunque existe incertidumbre sobre la magnitud del evento, la probabilidad de que sea moderado alcanza el 80%, mientras que un escenario fuerte o muy fuerte se ubica en 50% y 25%, respectivamente. Dicho de forma simple, el país enfrenta un riesgo significativo de un fenómeno con efectos económicos amplios, especialmente en regiones como Caribe, Andina y Pacífica, donde la reducción de lluvias y el aumento de temperaturas suelen ser más evidentes.
Agro: menor oferta y presión sobre los precios de alimentos
Uno de los sectores más sensibles al fenómeno es el agropecuario, donde las sequías y el calor afectan directamente los rendimientos. El informe señala que estos choques climáticos implican “menores rendimientos agrícolas” y, en el caso de la ganadería, reducen la disponibilidad de agua y pastos, lo que limita la producción. Esta dinámica termina impactando la oferta de alimentos, especialmente los perecederos.
Cultivos como arroz, papa, maíz, cacao, plátano y frijol figuran entre los más vulnerables, junto con la producción de leche. La menor disponibilidad de estos productos genera presiones al alza en los precios, lo que se traduce en un aumento de la inflación de alimentos. Este efecto, además, no es inmediato, ya que suele materializarse con rezago y puede extenderse incluso después de que el fenómeno climático ha finalizado.
Energía: presión sobre tarifas por menor generación hídrica
El frente energético aparece como otro de los más expuestos, puesto que en Colombia, cerca del 66% de la generación de energía proviene de fuentes hídricas, por lo que una reducción en los niveles de los embalses obliga a recurrir a fuentes térmicas. Estas alternativas son más costosas, lo que presiona al alza los precios de la energía en bolsa y, eventualmente, las tarifas para usuarios finales.
El informe advierte que este ajuste no solo implica mayores costos, sino que puede amplificarse por la necesidad de utilizar más gas para la generación térmica y en un contexto en el que la capacidad de regasificación es limitada, este incremento en la demanda podría generar presiones adicionales sobre los precios del sistema energético, afectando tanto a hogares como a empresas en sus costos operativos.
Transporte e industria: impacto por disponibilidad de gas y costos
Por otra parte, el aumento en la demanda de gas no solo tiene implicaciones para la generación eléctrica, ya que también afecta a sectores como el transporte y la industria, que dependen de este insumo para su operación. En este punto, desde el BBVA Research señalan que una mayor utilización de gas para producir energía podría reducir su disponibilidad para estas actividades, generando tensiones en el abastecimiento y encareciendo su uso.
En el caso de la industria, esto impacta directamente a actividades intensivas en energía como cemento, siderurgia, químicos, refinación y minería, donde los mayores costos tienden a trasladarse a los precios finales. En transporte, la menor disponibilidad de gas puede afectar la operación de segmentos que dependen de este combustible, generando presiones adicionales sobre tarifas y logística.
Más allá de estos sectores, el fenómeno también plantea riesgos en el suministro de agua, con posibles racionamientos que afectarían tanto a hogares como a la actividad económica. A esto se suma el impacto en salud, ya que las altas temperaturas y la escasez de agua favorecen la proliferación de mosquitos, incrementando el riesgo de enfermedades como dengue y malaria.
Con todo lo anterior, estos expertos concluyen que El Niño tiende a generar “presiones al alza sobre la inflación”, especialmente sobre la inflación de alimentos”, con efectos que dependen de su intensidad y recuerda que episodios anteriores han mostrado incrementos significativos en los precios, lo que refuerza la preocupación sobre el impacto que podría tener este nuevo ciclo climático en la economía colombiana durante la segunda mitad del año.
DANIEL HERNÁNDEZ NARANJO
Artículo basado en información de portafolio.co



