Bonos bajo presión

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Conviene empezar por lo básico. Un bono es un préstamo que un gobierno le pide a los inversionistas. Cuando estos ven más riesgo, compran el título más barato y cobran un interés más alto. Eso está ocurriendo en el mundo entero. Un índice global de deuda pública tocó esta semana su rendimiento más alto desde 2008, el bono estadounidense a diez años se ubicó en 4,8% y los de Alemania y Reino Unido, máximos de quince años o más.

El detonante inmediato es geopolítico. El cierre del estrecho de Ormuz y la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán empujaron el petróleo y, con él, las expectativas de inflación. A eso se suman la incertidumbre sobre la Reserva Federal de Kevin Warsh y la irrupción de un competidor nuevo en la fila. Las grandes tecnológicas estadounidenses llevan emitidos más de US$219.000 millones este año para sus centros de datos, frente a US$93.000 millones en todo 2025.

El caso japonés explica el fondo del asunto. El rendimiento de su bono a diez años superó 3% por primera vez desde 1996, pese a que Japón tiene el déficit más pequeño del G7. Lo que inquieta no es solo cuánto se pide prestado, sino con qué se piensa pagar. Ese país crecería 0,6% este año y su población se reduciría cerca de 30% en cinco décadas. Y toca a la región porque parte del capital especulativo que favorece a monedas de alto rendimiento, como el peso mexicano, se financia con yenes baratos.

Colombia recibió su propia dosis. Los mercados locales se desplomaron el viernes, un día después de que el Gobierno de Abelardo De La Espriella revelara un déficit fiscal preliminar de 9,4% del PIB para 2027. El rendimiento de los bonos a diez años subió más de 30 puntos básicos y el peso llegó a caer 2,1%. Las pérdidas siguieron el lunes, cuando el Gobierno les informó a los creadores de mercado que aumentaría su financiación en unos US$11.000 millones y la moneda volvió a ceder 0,9%, el peor desempeño entre los emergentes.

De esa cifra, más de US$3.000 millones vendrían de crédito externo, sobre todo con venta de bonos, y 25 billones de pesos del mercado local. Los inversionistas se preguntan si habrá demanda suficiente para absorber esa oferta sin conceder rendimientos mayores. XP Investments prevé que el Gobierno acuda a la banca multilateral. El ministro de Hacienda, Miguel Gómez, viajará a Nueva York y Washington la semana del 7 de septiembre y ha dicho que el país no busca un salvamento del Fondo Monetario Internacional.

Vale poner el episodio en perspectiva. Los bonos locales siguen siendo los de mejor desempeño entre los emergentes este año, con ganancias de 29%, impulsados por la apreciación de la moneda, los altos rendimientos y el optimismo tras la elección.

Los analistas sostienen que ese endeudamiento sería manejable si se cumple la ley de consolidación fiscal y se recurre a fuentes multilaterales, y que la transparencia y un ajuste plurianual creíble terminarían siendo positivos.

La prueba llegará en las próximas subastas. Si exigen concesiones mayores o muestran demanda débil, sobre todo en los plazos largos, el mercado habrá dado su veredicto. El alza mundial de tasas no responde al temor de que los países quiebren, sino a dudas sobre si sus planes son creíbles. Los gobiernos que muestren una hoja de ruta verificable pagarán menos. Los que improvisen pagarán más, y esa cuenta termina llegando a las hipotecas, al crédito empresarial y al costo de la inversión que el país necesita para crecer.


Artículo basado en información de portafolio.co

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