El nivel de los embalses en Colombia y su relación con el cambio climático y el fenómeno de El Niño

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Nuestro país atraviesa un momento en el que varios de sus embalses se encuentran en un bajo nivel de capacidad, poniendo en riesgo no solo el suministro de agua potable, sino el de energía.

El agua es el motor de muchos procesos ambientales y ecológicos en nuestro planeta, e interviene en infinidad de procesos fundamentales para el equilibrio del clima y la biodiversidad. Y en Colombia, el recurso hídrico cobra un valor adicional, pues es gracias a él que el país es capaz de generar energía hidroeléctrica, necesaria para alimentar a la mayoría de las ciudades y demás poblaciones.

La crisis climática genera que los eventos climáticos sean más extremos y duraderos. Así, fenómenos como El Niño han generado sequías intensas que impactan la capacidad de almacenamiento de agua de nuestros embalses, con lo que se puede ver afectado el bienestar de las personas, a partir de la reducción de la capacidad de generación de energía eléctrica.

Actualmente, nuestro país atraviesa un momento en el que varios de sus embalses se encuentran en un bajo nivel de capacidad, poniendo en riesgo no solo el suministro de agua potable, sino el de energía, pues es gracias a estos que se impulsan las hidroeléctricas, que proveen alrededor del 70 por ciento de la energía del país.

Recientemente, Carlos Fernando Galán, alcalde mayor de Bogotá, anunció que la capital del país tendría racionamientos de agua por cuenta del bajo nivel de los embalses.  

“Hemos tenido un déficit de precipitación y aumento de temperaturas por el fenómeno de El Niño. Este actualmente se encuentra en su fase final (aunque se espera ya de menor intensidad) para pasar a fase neutra e ingresar en el tercer trimestre del año a fase de La Niña. El comportamiento de las precipitaciones es diferencial por región del país”, explica Jairo Guerrero, oficial en Gestión del Recurso Hídrico en WWF Colombia.

Esta situación refleja la vulnerabilidad de nuestro sistema de generación de energía, poniendo de manifiesto la necesidad de acelerar la transición energética justa, no solo como un elemento de reducción de emisiones, sino, como una herramienta para aumentar la seguridad energética en nuestro país. En este escenario, es necesario, además, contar con mecanismos de adaptación al cambio climático, y que este tipo de crisis nos recuerdan que son urgentes. 

Es primordial que trabajemos juntos por la preservación de los ecosistemas clave para la producción y regulación hídrica y para la regulación climática. En el caso de Bogotá, por ejemplo, es urgente seguir conservando ecosistemas como los páramos y los bosques andinos. 

Las condiciones cambiarán en el segundo semestre

De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), se espera que, entre abril y junio de 2024, haya precipitaciones cercanas a los promedios históricos en las regiones de la Amazonía y Orinoquía, mientras que, para el resto del país, se prevé un aumento de los volúmenes de lluvia entre el 10 % y 20 %, con respecto a los parámetros de referencia 1991-2020.

Por otra parte, para el trimestre julio-septiembre, se prevén incrementos de precipitaciones superiores al 10 %, con respecto a los promedios 1991-2020 para la mayor parte de las regiones: Caribe, Andina y Pacífica. Para los departamentos de Meta y Vichada en la Orinoquía, y los departamentos de la región Amazónica, se prevén precipitaciones propias de la época del año.

En cuanto a la temperatura media del aire, se estima que para el próximo trimestre (abril-junio) aumente con respecto a los promedios históricos entre +0.5°C y +2.0 °C en gran parte del país. Para el trimestre julio-septiembre, la temperatura se presentará con anomalías negativas entre -0.5°C y -2.5 °C, especialmente en los meses de julio y agosto.

Algunas recomendaciones para cuidar nuestra agua

El llamado es a generar una conciencia informada sobre los impactos de la variabilidad y cambio climático y la identificación de estrategias de adaptación climática que permitan además del uso racional y eficiente de agua y energía, y evitar impactos económicos, humanos y en nuestra infraestructura.

Vivimos en una época en la que cualquier río, quebrada, laguna, morichal y otros pequeños humedales se pueden sacrificar en favor de satisfacer exclusivamente las necesidades humanas. Teniendo en cuenta esta realidad podríamos comenzar a tomar acción de esta manera:

  • Incrementar nuestras fábricas de agua (páramos y acuíferos de aguas subterráneas) y no permitir que estos terrenos tengan un uso diferente.
  • Velar por el cumplimiento de las leyes que protegen los humedales del país y la ronda hídrica, es decir, los bosques ribereños que acompañan los cursos de nuestros ríos, en un ancho de hasta 30 metros a cada lado, que aseguran microclimas favorables y previenen desastres y pérdidas de vidas humanas.
  • Cuidar nuestro consumo de agua tiene beneficios económicos directos reflejados en las facturas que pagamos mensualmente por estos servicios.

Todos somos responsables de hacer una buena gestión del agua y la invitación es extender las recomendaciones anteriores no únicamente a este momento coyuntural sino mantearlas como parte de nuestras vidas cotidianas.

Información extraída de: https://www.wwf.org.co/?387690/nivel-de-los-embalses-en-Colombia
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