El peso ha tenido una revaluación de 20% los últimos cinco años y nadie se atreve a pronosticar si la tendencia se sostendrá para el cierre de 2026 y lo que sucederá en 2027
Desde las postrimerías de la pandemia, en julio de 2021, el peso colombiano se ha venido consolidando como una de las tres monedas de mercados emergentes que más se ha revaluado frente al dólar. Las cifras hablan por sí solas: el peso mexicano y el sol peruano registraron revaluaciones de 14,52% y 15,39%, respectivamente, mientras que la moneda local alcanzó un 20,93%. En este listado también destacan el ringgit malayo, la corona checa y el real brasileño, con variaciones de 3,36%, 2,46% y 2,29%.

En la otra esquina se ubica el peso argentino, la divisa emergente más devaluada en los últimos cinco años, con una caída de 93,52%. Le siguen la lira turca y la rupia india, con depreciaciones de 81,91% y 22,95%, seguidos por el won surcoreano, (22,10%), el peso chileno (19,48), y la rupia indonesia (19,10%).
Según Bloomberg, la moneda colombiana ha liderado el auge del carry trade gracias a la baja volatilidad de los mercados financieros. Esto ha llevado a los inversionistas a reforzar este modelo de negocio, basado en endeudarse en monedas con bajas tasas de interés para invertir en otras con mayores rendimientos. Colombia y Brasil ofrecen tipos de interés reales muy altos, lo que explica gran parte del fenómeno en la tasa de cambio; de hecho, el peso y el real acumulan rendimientos superiores a 16% frente al dólar en lo corrido del año.
El problema de esta situación es que se ha prolongado tanto que empieza a perjudicar a las economías que buscan aumentar sus exportaciones y que dependen de las materias primas como principal fuente de ingreso de divisas, como es el caso de Colombia con el petróleo y las frutas. Las alarmas ya se han encendido en la agroindustria y en el sector petrolero.
No obstante, en materia de hidrocarburos, la recuperación del precio del barril de petróleo -tanto en el Brent como en el WTI- ha compensado cuantitativamente el impacto, algo que no sucede con las frutas, que demandan altos costos en fertilizantes y mano de obra. La administración de Abelardo De La Espriella debe enfrentar la apreciación del peso como una amenaza para su portafolio exportador y, fundamentalmente, como un lastre para aumentar las exportaciones per cápita. Quienes defienden un peso fuerte argumentan que las importaciones de tecnología y maquinaria industrial a un dólar bajo pesan más que las pérdidas de las ventas en el exterior.
Sin embargo, olvidan o desestiman que esas importaciones de maquinaria se realizan una vez cada cinco años, mientras que el pago de salarios, la compra de insumos y la presión de una inflación persistente son factores que se deben afrontar en la jornada diaria.
Las nuevas directrices de la economía que se instalarán el próximo 7 de agosto en la Casa de Nariño deben contar con argumentos sólidos si pretenden defender la caída del dólar, una situación que está dejando de ser una anécdota para convertirse en un problema de prospectiva económica. Es cierto que existen más importadores que exportadores y que 30% de la canasta familiar se abastece desde el exterior; estos también son factores de una compleja ecuación que las políticas públicas económicas aún no han logrado resolver. Claramente hay campeonatos en los que no es bueno ser campeones, como es en una tasa de cambio ficticia a causa de muchas remesas oscuras, no por una verdadera fortaleza del peso.
Artículo basado en información de larepublica.co



