La despensa energética se agota

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La nueva fotografía de las reservas de hidrocarburos en Colombia deja una conclusión que, más que incómoda, era algo que se esperaba: el país está administrando la escasez en lugar de construir abundancia.

Los datos más muestran que las reservas probadas de petróleo cayeron a 2.020 millones de barriles y las de gas a 1,71 terapiés cúbicos, con una reducción particularmente acelerada en el segundo energético. Este deterioro no es menor, ni coyuntural. Es estructural y, sobre todo, advertido.

La aparente estabilidad en algunos indicadores, como la relación reservas-producción, es en realidad un espejismo. No refleja un fortalecimiento de las reservas, sino la caída en la producción.

En otras palabras, el país no está encontrando más recursos, sino consumiendo menos rápido los que ya tiene. Esa diferencia es crucial porque marca la distancia entre una política energética sostenible y una estrategia pasiva que gana tiempo mientras acota el margen de maniobra.

El caso del gas es muy inquietante. A la caída de las reservas se suma una reducción en la producción comercializada y un deterioro persistente del inventario disponible. El resultado es una señal inequívoca: la seguridad energética entró de lleno en zona de riesgo.

No por ausencia de recursos, como coinciden los expertos, sino por la incapacidad de convertirlos en producción efectiva con la velocidad que exige la demanda.
El retroceso en la reposición de reservas profundiza el diagnóstico. En petróleo, por cada 100 barriles producidos apenas se incorporaron 94, y en gas la reposición fue incluso negativa.

Es decir, el país está extrayendo más de lo que logra reemplazar.
La discusión de fondo ya no admite ambigüedades. Revivir la industria de petróleo y gas no es una consigna ideológica, sino una necesidad económica. Implica reactivar la exploración, acelerar proyectos estratégicos, mejorar las condiciones de inversión y eliminar cuellos de botella regulatorios y operativos.

Exige decisiones técnicas sobre nuevas áreas, recobro mejorado y desarrollo de recursos aún no explotados, que el nuevo gobierno debe priorizar. Persistir en la inercia actual equivale a aceptar un declive anunciado. El país enfrenta no solo una caída en sus reservas, sino una pérdida progresiva de capacidad para decidir sobre su propio abastecimiento energético.

JAIME PUMAREJO HEINS


Artículo basado en información de portafolio.co

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