Un gran desafío

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En medio del pulso político en el que se ha convertido el proceso de empalme entre los gobiernos saliente y entrante, el presidente electo, Abelardo de la Espriella, ya anunció a la persona para una de las carteras más desafiantes de la siguiente administración. Se trata de Miguel Gómez Martínez, que ocupará el Ministerio de Hacienda y enfrentará la profunda crisis fiscal que hoy azota la economía colombiana.

No obstante los intentos del gobierno Petro de dibujar un escenario financiero más optimista, la herencia tóxica que recibirá la próxima Casa de Nariño en materia fiscal es de magnitudes históricas. Según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf), este año la deuda neta alcanzaría el 61 por ciento del PIB, el máximo nivel en la historia de Colombia. El Gobierno Nacional ha seguido una senda, a todas luces insostenible, de un crecimiento desbordado de los gastos —que se han incrementado un 3 por ciento del PIB— frente a ingresos estables en torno al 16 por ciento del PIB.

A este déficit fiscal —que podría llegar al 7,5 por ciento del PIB sin pandemia— se deben añadir otras tendencias preocupantes. Lamentablemente, el equipo económico de la administración Petro ha venido tomando decisiones y presentando escenarios demasiado optimistas, que han minado la confianza de los mercados e inversionistas. Además, la inversión se ha desplomado a niveles históricamente bajos, que requieren una atención urgente para reactivar su dinamismo, y motores tradicionales del crecimiento económico como minas y canteras y construcción se encuentran ‘apagados’.

Por más ‘apretado’ que sea el ajuste, las arcas públicas necesitarán también una inyección de recursos frescos.

Este sombrío panorama es el que le espera al nuevo jefe de las finanzas públicas, quien ya anunció un recorte de 60 billones de pesos y el congelamiento del presupuesto de 2026 a partir del 7 de agosto. Asimismo, el ministro designado apuntará desde el primer día a una reperfilación de esa deuda heredada que hoy ahoga al fisco y requiere medidas inmediatas de estabilización. Estos serán los temas que llevará la delegación del gobierno entrante a Estados Unidos en su visita de la próxima semana a ese país.

La crisis fiscal acumulada por el gobierno saliente abre inevitablemente la puerta a la discusión de una eventual reforma tributaria, que en todo caso debería partir de reconocer que la carga actual para las empresas es excesiva y que el 55 por ciento de los trabajadores están en la informalidad. Esa sensata perspectiva hace parte de los análisis que hace el ministro entrante. Obviamente, no da por ahora ningún detalle, pero sí aspira acertadamente a “lograr concertar un pacto de estabilidad tributaria a diez años”.

Estos urgentes y críticos asuntos, esperando en el escritorio de la nueva cabeza del equipo económico de De la Espriella, no son tareas sencillas de abordar con éxito. Por ejemplo, la misión de recortar esos tres puntos del PIB deberá enfrentar la inflexibilidad del gasto público: un reciente informe de Corficolombiana estima en 63 por ciento el presupuesto de funcionamiento definido por la Constitución. El próximo ministro de Hacienda tendrá que estabilizar las finanzas, racionalizar el gasto y recuperar la confianza inversionista. Este es un gran desafío que demandará el concurso de toda la nación.Imagen de seguimiento


Artículo basado en información de eltiempo.com

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