Abriendo un hueco para tapar otro

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Hay cifras que retratan mejor que cualquier discurso el verdadero estado de una economía. Que 31% de los colombianos considere que no podrá pagar al menos una de sus deudas es una de ellas. No se trata simplemente de un indicador financiero. Es el reflejo de millones de hogares que han llegado al límite de su capacidad para absorber el aumento del costo de vida, las tasas de interés acumuladas de los últimos años y una creciente incertidumbre sobre sus ingresos futuros.
Lo más preocupante es que el dato aparece en medio de señales que, en teoría, deberían transmitir tranquilidad. Más personas afirman que sus finanzas marchan según lo planeado y menos hogares reportan que su situación económica es peor de lo esperado. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad se esconde una realidad menos alentadora: la economía familiar no mejora; simplemente aprende a sobrevivir con menos.
La reducción de gastos en entretenimiento, viajes o comidas fuera de casa no es una demostración de disciplina financiera. Es respuesta obligada a la presión sobre el bolsillo. El auge de las marcas propias y la búsqueda permanente de ahorro evidencian que el consumo dejó de ser una expresión de prosperidad para convertirse en estrategia de resistencia.
Más revelador aún resulta saber cómo enfrentan la crisis quienes no pueden cumplir con sus obligaciones. Trabajos ocasionales, retiros de ahorros y préstamos de familiares o amigos se han convertido en el salvavidas de corto plazo. Son soluciones que permiten ganar tiempo, pero no resuelven el problema de fondo. Una economía donde cada vez más personas pagan sus deudas con nuevos ingresos precarios o recursos extraordinarios está acumulando una fragilidad que tarde o temprano termina afectando al sistema productivo.
La caída en la intención de solicitar créditos es una señal inequívoca. Los hogares no están dejando de endeudarse porque hayan resuelto sus problemas financieros, sino porque entienden que asumir nuevas obligaciones podría ser insostenible.
El desafío para Colombia no es solamente mantener bajo control la inflación o preservar la estabilidad financiera. Es recuperar la capacidad de generar ingresos suficientes para que las familias vuelvan a construir patrimonio en lugar de sobrevivir mes a mes.
Jaime Pumarejo Heins

Artículo basado en información de portafolio.co

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