Brechas regionales eternas

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La pobreza multidimensional cayó en Colombia a 9,9% en 2025, 1,6 puntos porcentuales menos que en 2024, según el Dane. En términos absolutos, eso significa que cerca de 793.000 personas salieron de esta condición.

Si bien es un dato positivo, y el más bajo de la historia, la mejora no ocurre al mismo ritmo en todas las regiones, por lo que hay territorios que siguen atrapados en rezagos estructurales.

El primer gran atraso es la brecha entre el campo y la ciudad. En 2025, la incidencia de pobreza multidimensional fue de 6,3% en cabeceras y de 22,4% en centros poblados y rural disperso. Aunque ambos grupos mejoraron, la brecha relativa se amplió.

La pobreza multidimensional rural fue 3,6 veces mayor que la urbana, frente a 2,9 en 2018 y 3,1 en 2024. La reducción del promedio nacional no ha corregido esa fractura territorial.
El segundo rezago es aún más preocupante y se concentra a escala regional.

El Caribe cerró 2025 con una incidencia del IPM de 17,9%, casi el doble de la región Oriental (7,4%), Central (9,3%) y la Pacífica (9,7%). Más grave aún, su reducción frente a 2024 fue de apenas 0,6 puntos, y no resultó estadísticamente significativa. Mientras Bogotá cayó 3,2 puntos y Pacífica y Orinoquía-Amazonía disminuyeron 2,1 puntos, el Caribe prácticamente se estancó.

La comparación del número de personas que salieron del IPM en 2025 en el Caribe equivale a apenas 57.000 personas, frente a 252.000 en Bogotá. Eso muestra que no todas las mejoras pesan igual en la trayectoria nacional.

Bogotá, con cerca del 15% de la población nacional, explicó alrededor de una tercera parte de la reducción del IPM en el último año.
Además, la magnitud del rezago del Caribe no es marginal en el total nacional. En 2025, la región registró 2,1 millones de personas en pobreza multidimensional, la cifra más alta entre todas las regiones.

A pesar de representar alrededor del 22% de la población colombiana, concentra 41% de la población en pobreza multidimensional del país.
Estos rezagos son estructurales y debilitan directamente la capacidad productiva de la región.

El Caribe registra el mayor analfabetismo del país, las mayores barreras para el cuidado de la primera infancia, el mayor rezago escolar, el mayor hacinamiento crítico, los mayores déficits de saneamiento y las peores condiciones habitacionales.

Estos indicadores erosionan la formación de capital humano, reducen la productividad y encarecen la atracción de inversión privada.
Dentro de la región, La Guajira sigue siendo el caso más extremo, con un IPM cercano al 40%, mientras que Cundinamarca registra un 4,1%.

La distancia entre ambos territorios confirma que en Colombia las oportunidades siguen dependiendo demasiado del lugar donde se nace y se vive.
Por eso es urgente elevar la discusión sobre la desigualdad regional.

Como ha planteado el Banco Mundial en Disparidades regionales y el camino a la integración, Colombia necesita una estrategia integral de cierre de brechas que combine crecimiento incluyente, igualación territorial de oportunidades y políticas productivas diferenciadas según el tipo de región.

Se requieren, de manera simultánea, inversión en infraestructura estratégica, formación de capital humano, fortalecimiento fiscal e institucional de los gobiernos subnacionales y una agenda específica de logística, desarrollo urbano-regional y articulación económica para las zonas rezagadas.

Mientras regiones como el Caribe sigan cargando una parte desproporcionada del rezago nacional, Colombia estará hipotecando su propio crecimiento.

JAIME PUMAREJO HEINS

 


Artículo basado en información de portafolio.co

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