Hinchas de Millonarios*

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Hay una verdad que no se puede borrar: los países donde mejor vive la gente son, sin excepción, los países donde más millonarios hay. Y los más pobres son los que menos tienen. No es casualidad. Es causalidad.
Suiza tiene el Índice de Desarrollo Humano más alto del mundo desde hace años.

También tiene un 15% de su población adulta en condición de millonaria. Noruega, Dinamarca, Islandia, Irlanda, los mismos que lideran rankings de calidad de vida, educación y bienestar son los que concentran mayor riqueza privada por habitante.

En el polo opuesto, el África subsahariana domina la parte baja del IDH: esperanza de vida menor a 58 años, escolaridad media inferior a seis años, ingreso per cápita de apenas 688 dólares. Ahí también escasean los millonarios.

No es coincidencia, es la misma ecuación vista desde el otro lado. La dirección es inequívoca: a más riqueza privada creada y radicada en un territorio, más prosperidad para todos.
¿Por qué? Porque cuando un país atrae o retiene millonarios, fortalece su sistema tributario y dinamiza el flujo de capitales. La mayoría son emprendedores que crean empresas, generan empleo bien remunerado y producen un efecto multiplicador que beneficia principalmente a la clase media.

Los millonarios no acumulan riqueza en un búnker. La invierten, la hacen circular, la convierten en trabajo, en impuestos, en economía real para millones que no tienen un millón de dólares.
Según el Henley Private Wealth Migration Report 2025, el año pasado 150 millonarios abandonaron el país, cerca de US$1.000 millones en capital evaporado.

El país registró una caída del 15% en el crecimiento de su población de millonarios en la última década. Y el efecto ya se siente: en el primer trimestre de 2026, la inversión extranjera directa cayó cerca de 50% frente al mismo período anterior, con más de US$4.000 millones perdidos en dos años.
¿Por qué se van? Colombia es uno de los únicos países con impuesto al patrimonio.

A eso súmele incertidumbre política, resurgimiento de grupos armados y clima de hostilidad hacia quienes generan riqueza. El capital grande migra antes de que el ruido suba. Y el ruido aquí no para.
Mientras tanto, nuestros vecinos hacen lo contrario. Costa Rica recibió 350 millonarios en 2025, con una riqueza estimada en US$2.800 millones. Panamá recibió 300, con US$2.400 millones.

El discurso que demoniza a los ricos no redistribuye la riqueza, la destruye. La salida del capital es apenas el preludio: el capital humano lo sigue. Y cuando los grandes capitales emigran, no lo hacen en silencio, sino que le mandan una señal de alerta al mundo. El inversionista extranjero que evalúa instalarse en Colombia no lee los decretos del Gobierno. Observa lo que hacen los empresarios locales.

Si los propios colombianos están sacando su dinero, él concluye que hay algo que no está viendo.
La pregunta que debería guiar la política económica no es cómo castigar a los que tienen, sino cómo crear condiciones para que haya más colombianos con más. Más emprendedores. Más empresas. Más riqueza que se genere aquí, tribute aquí y contrate aquí. Lo que necesita Colombia no es menos millonarios. Es más. Y urgente.

* Una aclaración necesaria: varios se han confundido sobre a cuáles Millonarios hay que hacerles barra. Nadie discute que el mejor equipo del mundo es el Junior. Pero crear, mantener y atraer millonarios que generen inversión, empleo y riqueza también debería ser una causa nacional.

JAIME PUMAREJO HEINS

 


Artículo basado en información de portafolio.co

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